No es raro escuchar a alguien
quejarse por el precio de la gasolina, conocer a alguien que reposta de 5 en 5 euros, o
aquel que tiene un app en el móvil que le informa a tiempo real de cuál es la
gasolinera más barata en un radio de 10 km. Después de la entrada de
gasolineras de “marca blanca” como la de Carrefour o Alcampo con grandes
descuentos por compras en sus supermercados y precios bajos, las grandes
gasolineras han ido perdiendo cuota de mercado progresivamente.
A través del periódico el Mundo
conocimos hace unos días la noticia: las dos mayores petroleras españolas,
Cepsa y Repsol han lanzado recientemente una línea de gasolineras low cost, a través de Red Ahorro y Campsa Express. Lo que se
lleva es el low cost, y es que en inglés todo suena mejor, pero no deja de ser
una línea de bajo coste que las empresas utilizan como estrategia para ofrecer
precios más baratos.
Las gasolineras low price se caracterizan por autoservicio o “self
service”, la forma de pago habitual son lectores de tarjeta de crédito
instalados en el mismo surtidor; los carburantes son de gama básica y sin
aditivos; y no disponen de tienda, aparcamiento ni servicio de lavado.
Hasta aquí todo bien, pero como es lógico, las dos
petrolíferas temían el “efecto
canibalización”. Por ello, Repsol se ha esforzado en separar ambas marcas, y así lo han afirmado: “El sector camina hacia un modelo dual en el que
convivan grandes gasolineras y puntos de suministro básicos. Hay clientes para
todo, y como empresa líder no podemos renunciar a ningún tipo de suministro sin
renunciar al valor de nuestra marca”.


No hay comentarios:
Publicar un comentario